Mi primera vez en el blog de AndalucíaTB no podía ser sino escribiendo sobre Almedinilla, una joya situada al extremo más oriental de la provincia de Córdoba, lindando con Jaén y Granada 🙂

Campos de verdes olivos, un Paraje Natural, su Museo Histórico-Arqueológico, un majestuoso Cerro de la Cruz, y su historia en época íbera, la rodean.  Su Casa de la Cultura y un joven Festival de Arte Emergente Wasqha, la mantienen activa.  Los almedinillenses, vecinos afables, campechanos, familiares, hacen de él un pueblo abierto pero también decididamente defensor de sus costumbres, costumbres religiosas, culinarias o folclóricas, para regocijo de las personas que ya no vivimos allí pero que seguimos sintiendo profundamente nuestras raíces.  La Villa Romana que una vez fue, junto al Poblado Íbero, ambos yacimientos declarados Bien de Interés Cultural, la sitúan cada vez más en el mapa turístico, pues constituyen el eje principal como destino turístico de Almedinilla y que llega a su culmen con FESTUM, las Jornadas Iberoromanas que se suelen celebrar cada verano.  Pero hoy será la Villa Romana El Ruedo mi protagonista, y el agrónomo romano Lucio Junio Moderato Columela, renombrado agricultor nacido en Cádiz en el Siglo I, mi guía.

He viajado muchos siglos atrás, de su mano, para conocer lo inteligentes que fueron sus coetáneos, pues esta lujosa villa se construyó sobre una colina muy soleada, pero protegida de los aires del norte en invierno;  cercana al río, pero sólo lo suficiente para beneficiarse del frescor del agua sin que la humedad los perjudicara;  cerca de los caminos, pero no en el principal para no ser molestados por los viandantes.  También nos contó que hoy día es conocida por ser una de las superficies excavadas más completas de la Península, y que se divide en dos zonas, la ‘pars urbana’, para los propietarios, y la ‘pars rústica’, destinada a las dependencias agrícolas.  Completado el conjunto con una necrópolis.

La parte residencial se situaba en torno a un ‘peristilo’, una hilera de columnas que rodeaban al patio central, desde donde partían distintas habitaciones.  En el centro había una fuente que recogía el agua de la lluvia, ¿no os recuerda ya esta casa a una de las construcciones típicas mediterráneas? Poseían ya por entonces suelo y paredes radiantes que funcionaban con vapor y hasta cinco hornos donde cocían las piezas de cerámica que servían de ajuar doméstico.  Había muchas estancias decoradas con mosaicos, pinturas y algunas esculturas, hoy descubiertas, y únicas, como Apolo, Venus, Dionisos, Hermafrodita o Hypnos, el ‘Dios del Sueño’, ‘hijo de la noche y de las tinieblas, hermano del olvido y de la muerte’, y que a día de hoy, podemos contemplar en el Museo Histórico Municipal. ¿Sabías que esta casa se construyó según la descripción de Ovidio de cómo sería la morada del sueño en su obra La Metamorfosis? Y en ella, Hypnos, era su protagonista.  Es curioso cómo la cita de este escritor romano se hace visible en esta villa de la que ni Columela puede decirnos qué importante familia la habitó.

Conforme Columela nos iba contando, volvimos a cerciorarnos de que la cultura romana estuvo llena de ceremonias y supersticiones, porque, si bien, antes de entrar a la casa se nos perfumó, cuando entramos, Columela nos aconsejó hacerlo con el pie derecho para, seguidamente, hacer una ofrenda a los Dioses protectores del hogar, y terminar en la habitación del ‘dominus’ haciendo el culto a los Dioses familiares.

Para finalizar, Columela nos invitó al ‘hortus’, o jardín de la casa, y nos contó que para aprovechar el agua de lluvia se le hacía al olivo una zanja o ‘ablaqueatio’, también nos contó que los olivos de un solo pie tienen mejor calidad y que si cogemos la aceituna del árbol, entonces el aceite será excelente. Cuatro tipos de aceite nos dio a probar:  antes de refinar, cuando la aceituna es cogida del suelo, sin filtrar, o el más fresco y que suele tener un ligero olor a césped recién cortado (un dato importante:  éste último aceite y de ésta zona, está incluido en la DOP Priego de Córdoba 😉 ) ¿Sabías que para comprobar la calidad de la tierra en época romana, diluían la misma en agua, la colaban y la probaban?  Si estaba dulce, era buena, si estaba salada, faltaba algún mineral que le diera calidad óptima para un buen cultivo.

Columela, como buen consejero, se despidió de nosotros invitándonos a cuidar la tierra como a nuestra propia madre.  No en vano, en su ciudad natal, aún le llaman ‘El Príncipe de los Escritores de Agricultura’.

‘Pasear con Columela’ por Almedinilla ha sido toda una experiencia, pero sólo un aperitivo.  Si quieres descubrir más historia y más cultura de la #TierradeSueños, sígueme en La Ruta de Petruska, porque… ¡esto sólo acaba de empezar! 😉

 

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